En tránsito




















La magia de no estar, de ser nada más que un ocupante transitorio de un espacio transitorio, la magia del no lugar que sin embargo con un libro y un café, un par de personas conversando, compartiendo, dándole a ese espacio una resignificación otra de la que tiene en un principio, se vuelve un lugar, ¡es! en tanto consideración de lo que se está siendo en un espacio tiempo determinado. Este espacio, este lugar no está ausente de vacío, de ausencia, de nostalgia y tal vez también de añoranza, de proyección, de saudade.
Los grandes pasillos, los ventanales, la luz que atraviesa los grandes espacio nos invitan a mirar más allá, a buscar el horizonte, y en esta búsqueda de lo que hay más allá de este reducto transitorio, nos vamos encontrando nosotros mismos, aquellas palabras que llegan a destiempo y que ya no dijimos, aquellas palabras que comenzamos a preparar para decir en un futuro próximo, deambulamos, bebemos café, tal vez una cerveza, caminamos de un lado a otro, nos sentamos en más de un asiento, jugando a una silla musical impaciente.
En este estar en tránsito la noción del tiempo pierde todo sentido (tal vez salvo el de estar a tiempo para el próximo vuelo), los días siguen pasando indiferentes a nuestra existencia, la reflexión es casi tan grande como el cansancio, la sensación de soledad real y metafísica nos embarga, se cuela entre los recovecos de la memoria, de los sentimientos tan a flor de piel que se vuelven imperceptibles. Estar en tránsito es como entrar en letargo, es como un reflejo de nuestra propia crisis, si es que la tenemos, es como una extensión de un silencio incómodo.
En tránsito es muy posible que ni siquiera seamos capaces de ser, estamos sin más en el mundo, somos ahí, y tal vez ni siquiera eso. Es muy probable que todo lo que seamos en tránsito no lo seamos más que ahí, en ese ir y venir de gentes, de idiomas, de vidas que se cruzan sin cruzarse, sin entender que tal vez ahí, en ese paraje hostil de asientos incómodos, de baños demasiado pulcros, de luces artificiales compitiendo con el sol, justamente ahí se nos va la vida.
Si bien este estar en tránsito es todo lo aquí descrito, también es la nostalgia que uno tiene de ese espacio cuando ya no está. Porque estar en tránsito es la dicotomía por excelencia, es justamente no estar, y ese no estar muchas veces quisiéramos poder convocarlo para pausarlo todo y desde ahí, observarlo todo desde la distancia, desde la soledad, desde ese estar sin necesidad de estar ahí para encontrarse, para comprender lo que pasó, para ilusionarse por lo que vendrá.
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